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Mi mudanza y la carretilla con caballo: el inicio de una nueva vida en Chile

Hubo un tiempo en que mi vida en Chile era sencilla, pero con un toque de magia. Me mudaba. Daba el gran paso hacia la independencia, no solo la independencia física, sino la mental, la que te da el poder de tomar tus propias decisiones y empezar a escribir tu historia en un lugar diferente. Hasta ese momento, la casa donde había vivido era la que me acogió cuando llegué a Chile. Estaba en Concepción, estudiando en la Universidad del Bío Bío, y en las tardes y noches trabajaba haciendo encuestas para una empresa de Marketing. ¡Sí, era tan pobre como una rata! Mis bienes se limitaban a lo mínimo: una cama de una plaza y media, un velador, una lámpara de noche, una mesa plegable, un par de sillas plegables, y unas de mimbre que me daban cierto aire de sofisticación (aunque en mi mente lo fueran más que en la realidad). Creo que incluso me regalaron un sillón de mimbre, pero ahora no sé si fue un sueño o si realmente existió. Debería revisar las fotos para ver si lo encuentro. No olvidemo...

Del calor de Cuba al frío de Chile: Cómo sobreviví al clima, la moda y el cambio

Emigré de Cuba, con mi alma llena de sueños y un sinfín de expectativas. Dejé atrás a mis amigos, a mi gente, a mi gente de siempre. Solo mi papá y unas primas se habían ido antes a Estados Unidos, así que llegué sola a Chile. A lo lejos, la universidad me esperaba, también un amor  y una familia que no era la mía, pero que me adoptó. Llegué a Chile y la vida tenía sus propias sorpresas. La más difícil, el clima. En Cuba no nos preocupábamos mucho por las estaciones; el sol estaba siempre asomando, pero aquí el frío era otra historia. De repente, me vi en medio de lluvias interminables, con un viento que parecía atravesarme hasta los huesos. La ropa liviana que me había acompañado todo el tiempo en Cuba ya no servía de nada. No podía seguir usando mis sandalias ni mis faldas veraniegas. ¡Ni siquiera mi pelo podía seguir su curso natural! No entendía cómo podía estar tan perdida en este país que parecía no entender mis necesidades de calor (y estilo). Mi autoestima se desplomó más r...

Confírmame si perdiste esto cuando emigraste

EMIGRÉ Y PERDI CONFIANZA Trataré de no ponerme sentimental porque me aburro. A los 19 años, antes de emigrar s i alguien me preguntaba mi opinión no daba vueltas, era clarita cuando respondía que pensaba. Si algo me parecía injusto o incorrecto, lo decía sin miedo. Pero siento que algo cambió. Sólo defiendo mis ideas cuando estoy rodeada de personas de confianza, y en ambientes como el trabajo, suelo rendirme al primer "no". ¿Cómo llegué aquí? ¿Y, más importante, cómo puedo recuperar lo que he perdido? TENGO UN PROBLEMA No fue de un día para otro. No me di cuenta. Fue un proceso lento y casi imperceptible. Evitaba discusiones en situaciones sociales donde me sentía fuera de lugar. Luego, en el trabajo, si mi idea era rechazada, simplemente me callaba, asumiendo que insistir podría ser visto como algo negativo. Con el tiempo, esto se convirtió en un hábito: dudar de mí misma antes incluso de que alguien más tuviera la oportunidad de hacerlo. Me di cuenta de lo profundo que era...